Montar un consultorio por tu cuenta

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Decidí hace muchos años que quería ser Psicóloga, siempre me han fascinado los entresijos de la mente humana, siempre he querido entender porque las personas actuamos de determinada manera, por lo que cuando tuve edad suficiente me dediqué en cuerpo y alma a sacarme la licenciatura y el doctorado. Hoy en día soy una de las mejores psicólogas de la ciudad, y no es que lo diga yo, lo dicen mis pacientes y las críticas de las personas que acuden a mi consulta. Puedo aseguraros que me siento muy orgullosa de en lo que me he convertido.

Trabajaba en una consulta privada con un buen contrato, pero ya tenía ganas de montar un negocio por mí misma, saber si soy capaz de encargarme de todo yo solo. A sí que me puse a buscar un lugar en el que montar la consulta y decidí hacerlo en casa, nada mejor que un lugar acogedor, familiar y lleno de vida para desempeñar mi trabajo.

Compré un diván precioso en el que mis pacientes mas melodramáticos se pudieran tumbar a hablarme de sus problemas, también instalé un sofá grande y cómodo y un sillón orejero de lo más original. Buscaba la absoluta comodidad y la encontré. En un rincón de la habitación coloqué una mesa escritorio con una silla y un butacón, encargué unos archivadores y una máquina destructora de papeles para poder mantener la confidencialidad de mis pacientes y no tener ningún problema a la hora de tener que desechar algunos documentos.

Tres plantas bien verdes y un jarrón de flores amarillas en el centro de la mesa y la consulta estaba lista para empezar a llevar allí a personas con problemas que sólo buscan la solución más efectiva.
Ya llevo dos años y medio y no me podría ir mejor, de hecho ahora tengo hasta secretaria que se encarga de las llamadas, de programar las citas, de que mi agenda no sea un caos y de que no se me olvide salir a comer, la verdad es que estoy segura de que si no fuera por ella mi vida sería un caos. Mi madre siempre me dice, consejos vendo que para mí no tengo, ya que me paso la vida diciendo a mis pacientes que sean ordenados de ideas y que no olviden las tareas más importantes de su vida cotidiana. Mi vida por fin está ordenada.